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18/dic/10

Reseña histórica

La arqueología nos ofrece datos acerca de la presencia humana continuada en el término municipal de Rincón de la Victoria, a lo largo de las diferentes culturas y sociedades, como corresponde a un territorio que reúne agua dulce, protección en cuevas y cerros, tierra fértil, recursos marinos y vías de comunicación entre Este y Oeste, y de acceso al interior.

En las cavidades de los Cantales hay indicios claros de la existencia de grupos humanos desde el Paleolítico Medio (Musteriense) y Superior (Solutrense), y durante la Prehistoria Reciente (Neolítico y Calcolítico).




Ollas del Neolítico de la cueva del Higuerón  o del Tesoro en el Museo Arqueológico  Nacional




El poblamiento más antiguo del término municipal es un asentamiento fenicio del siglo VII a.C. en la vertiente sur de la Loma de Torre de Benagalbón, que se mantuvo hasta época romana y luego se desplazó al llano, donde se conservan los restos de una villa romana marítima del siglo III, en espera de ser puestos en valor.


Mosaico de la villa romana de Torre de Benagalbón y herma hallada durante su excavación

Plano de la villa romana de Torre de Benagalbón "Villa Antíopa"

 

La mayor intensidad de restos de poblamiento humano se concentran en el cruce de las vías de comunicación litoral y del interior, cuyo control permitía el cerro del Castillón, que en su cima mantiene aún el recinto murado del castillo de época musulmana, y en su interior se identificaron restos cerámicos prerromanos.

Excavaciones de Manuel Laza en el castillo hacia 1956.


Lienzo sur del recinto de la fortificación del cerro del Castillón

 

A los pies del cerro y hacia la playa se extendió desde los siglos IX al  XV la ciudad medieval de Bezmiliana, cuyo nombre conocemos por los escritos de autores musulmanes, y de la que hemos contemplado varias planificaciones urbanas sucesivas, lamentablemente desaparecidas bajo construcciones recientes.

Trama urbana de los siglos IX al XII exhumada en 2006 al construir la Plaza de la Constitución.

 

Tras el paso del ejército de los Reyes Católicos desde Vélez Málaga hacia Málaga en mayo de 1487, se incorpora a la Corona de Castilla una Bezmiliana despoblada, que es repoblada con cristianos viejos.

 

En la campaña de refuerzo del sistema defensivo ante el incremento de la piratería costera, Fernando de Uncibay convierte en fortificación una de las mezquitas, de la que se conserva su aljibe.



Aljibe de la mezquita, bajo los restos de la fortificación de Uncibay

 

En 1511 los registros señalan la despoblación de Bezmiliana. La población se desplaza hacia el interior y el nombre se conserva en las ventas de Mixmiliana, situadas junto al poco transitado por inseguro Camino de Vélez, sometido a la piratería primero islámica, y luego inglesa.

Carlos III construye una línea de fortificaciones, y repara y mejora el trazado de la Realenga del Camino Viejo de Vélez. La seguridad revitaliza el tráfico comercial por la carretera de la costa, y favorece el asentamiento de pescadores levantinos entre el farallón rocoso del Cantal y el promontorio de las Pedrizas, en el rincón bajo la propiedad de los frailes Mínimos que cuidaban del Santuario de la Victoria de Málaga.

A lo largo del siglo XIX proliferan los huertos y cobra gran auge el tráfico para abastecer a Málaga de verduras y pescado, y para dar salida a los cultivos tradicionales de higos y pasas del interior.

La llegada del ferrocarril en 1906 dinamiza más aún la zona de la costa, y en 1950 se desplazó la capitalidad del municipio desde Benagalbón al Rincón de la Victoria.